La robot con corazón.

22 Aug

En un pueblito lejano de Rusia vivían Boris y Rocky: dos hermanos muy unidos que hacían todo juntos. Habían nacido con tan sólo un año de diferencia y estaban acostumbrados a compartirlo todo. Tenían los mismos intereses y los mismos sueños: ambos buscaban convertirse en científicos muy famosos y querían inventar una máquina del tiempo  para poder ir al pasado.

Al convertirse en adultos, continuaron siendo los mejores amigos, siempre estaban acompañados el uno por el otro. Pero a uno de ellos algo le hacía falta: un gran amor. Todos los días se levantaba con un sentimiento de tristeza que cubría todo su pecho. Su hermano se daba cuenta de la profunda soledad que éste tenía, así que un día decidió prepararle una sorpresa. Todas las noches mientras Boris dormía, Rocky se levantaba de la cama y salía de la casa haciendo el menor ruido posible. Iba al laboratorio que ambos habían hecho y  trabajaba en la construcción de una robot que pudiera ser el gran amor que Boris no había podido encontrar.

Una vez que estuvo lista la robot, se dio cuenta que algo importantísimo faltaba, ésta no tenía alma. No podía sentir cariño, no podía llorar, no podía sentir verdadero afecto por Boris, ¿qué hacer? Se preguntó mil y un veces, ¿qué hacer? A Rocky nada le importaba más que la felicidad de su hermano así que emprendió una investigación ardua para conseguir que la bella robot tuviera sentimientos. Pasó el tiempo y no obtuvo una solución.

Sabía que en el pueblo había un viejito cuya sabiduría era motivo de admiración. Decidió ir a visitarlo. El viejo tuvo una larga plática con Rocky. Después de percatarse que sus acciones estaban basadas en buenos deseos, decidió ayudarlo. Le dijo que en el bosque habría de encontrar una familia de pájaros: los pájaros que alegran al mundo. Le explicó que eran las aves más bellas de todo el planeta y le contó que eran aves mágicas cuyo canto hacía sonreír a los corazones.

Rocky debía ir al bosque, buscar y buscar y buscar a las aves hasta dar con ellas y pedirles una pluma suya. Esta pluma contenía parte del espíritu de los pájaros que alegran al mundo y debía ser tomada con el consentimiento de éstos así que Rocky debía contarles para qué la quería. De estas criaturas del bosque, ahora dependía la felicidad de Boris.

Rocky se preparó para el viaje al bosque. Cuando llegó, camino por unas cuantas horas, después sintió un poco de hambre y decidió sentarse a comer unas frutas que había recolectado en el camino. Estaba un poco cansado, así que cuando terminó de comer, cerró los ojos para dormir un rato. Al poco tiempo, escuchó a lo lejos el canto de unos pájaros. Era una melodía hermosa como nunca antes había escuchado. Emocionado, se levantó y corrió hacia donde escuchaba el sonido. A los pocos pasos, encontró un nido gigante hecho con flores de todos los colores. Ahí, en medio, se encontraba la mamá pájaro.

-¿Qué se te ofrece? dijo la mamá pájaro.

-¡Hola señora! No es mi intención molestarla. Quiero contarle el motivo de mi visita. Mi hermano…el más querido, se encuentra tristísimo. Todo lo que él quiere es una compañera para compartir la vida. Yo, que soy un científico, decidí construirle a su compañera ideal, sólo que ella es un robot y no tiene sentimientos. El viejo del pueblo me dio la solución para hacer que el alma de la robot funcione, lo único que necesito es una de sus plumas. Con tan solo una, el alma de la robot florecerá y podrá sentir y amar a mi hermano tanto como sé que él la amará.

El pájaro conmovido por el amor que movía las acciones del hombre le concedió el deseo. Rocky corrió emocionado de vuelta a casa. Entró al laboratorio y puso la pluma en el corazón de la robot. Por un momento, pensó que nada iba a suceder, pero unos minutos después se dibujó una sonrisa en el rostro de la robot y Boris supo que había logrado su objetivo: ella ahora tenía alma y sentimientos.  Emocionado, la tomó de la mano y la llevó a casa para que Boris pudiera conocerla. Al ponerlos frente a frente se dibujó una sonrisa en el rostro de Boris…Rocky supo que todo iba a estar bien el corazón de su hermano a partir de ese momento.

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